lunes, 15 de abril de 2013

Literatura Repaso



Tipos de narrador:
Intradiepetico.- Participa pentro de la historia
Extradiegético.- No participa dentro de la obra.
Narratario y lector: El primero describe la obra, el segundo consiste en el publico a quine va dirigida la obra.

Tipos de fábula
Fábula clásica

El cultivo de la fábula es muy antiguo. En la India, en el siglo V a. C., ya se había producido una gran colección de fábulas, cuentos y  pólogos bajo el título de Panchatantra, escrita por Bidpai. La fábula clásica griega también es muy antigua: se origina en Asia Menor, de ahí pasa a las islas del Egeo y después a Grecia. En Los trabajos y los días, de Hesiodo, se encuentra la fábula más antigua que se conoce, se titula <<El Gavilán y el Ruiseñor», data del siglo VIII o VII a. C. Esopo está considerado como el principal fabulista griego. Después de él, en Roma, Fedro realizará adaptaciones de las fábulas de Esopo. Ambos fabulistas constituyeron la base de la amplia y variada fabulística medieval. A esta última se añaden las fábulas y los apólogos orientales que, a través de traducciones arábigas, llegan a la literatura castellana y luego a toda la literatura europea.

Fábula neoclásica
Durante el Renacimiento, la Edad Moderna y Neoclásica existieron diversos fabulistas. En España, algunos pasajes de El Conde Lucanor, de don Juan Manuel, se construyeron vívidamente a partir de fábulas. En Francia, el más célebre fue La Fontaine, aunque Florian, también francés, tiene gran importancia. En Alemania destacan Christian Gellert y Gotthold Lessing; en Inglaterra sobresalen Dryden, Prior y Gay. Mientras que en España, los fabulistas más sobresalientes han sido Tomás de Iriarte y Félix María de Samaniego. Ya en la edad moderna se dramatizan algunas fábulas; por ejemplo Chantecler, de Rostand, y El pájaro azul, de Maeterlinck. .

Fábula contemporánea
En el siglo XIX se localizan algunas fábulas de Joaquín Fernández de Lizardi (mexicano) y en la época actual, la fábula contemporánea está magistralmente representada por Augusto Monterroso (guatemalteco) en su obra La oveja negra y demás fábulas, donde el autor llega  incluso a expandir las potencialidades modernas del subgénero a través de la burla, la ironía, la parodia y la sátira. La cantidad de fabulistas que han existido en la época contemporánea es muy pequeña en proporción con los que existieron en la antigüedad, quizá por la dificultad de este género literario que requiere calidad poética, exposición de las experiencias vitales, así como amplio conocimiento del espíritu humano.


Autores de Fabulas: Esopo, Feliz Maria Samaniego, Augusto Monterroso

Leyenda: Las leyendas y los mitos conforman discursos que pretenden explicar el principio de la vida y de tantos fenómenos
naturales y sociales de los que ni la ciencia ni la filosofía han proporcionado explicaciones fehacientes. Y aun cuando esto ocurre, la leyenda sigue teniendo su lugar propio en las creencias y los valores de cada cultura. La leyenda tiene entonces, de manera fundamental, una función
explicativa cuya validez no pretende ser universal, sino que expresa los valores locales: es suficiente para este subgénero producir
explicaciones que satisfagan a la comunidad de la que surgen, a la tradición que las alimenta, a los misterios que conviene dejar abiertos, dejando a las distintas generaciones el lugar de las nuevas interpretaciones.
Mediante las leyendas, los seres humanos han manifestado, a través del tiempo y de la historia, qué saben acerca del delicado equilibrio entre el bien y el mal. Estos grandes valores conforman las principales temáticas que, con muy diversos personajes, épocas, ambientes y
lugares se han expresado desde la antigüedad hasta nuestros días.

Historia de hechos verdaderos y fabulosos
Las leyendas surgen ante la necesidad humana de exaltar o contestarse sobre la procedencia y la naturaleza de hechos incomprensibles en cierto momento, y para enaltecer acontecimientos importantes desde el punto de vista de la historia de la cultura que los enfoca. En este sentido, los hechos referidos en las leyendas se combinan por igual si éstos son reales, verdaderos, fabulosos o producto de la imaginación popular. En cuanto a su estructura específica, la leyenda suele organizar sus acontecimientos de manera más o menos cronológica:
Inicio del suceso (o sucesos)-. desarrollo de la historia a partir de un
conflicto implicado en una lucha de fuerzas protagónico-antagónicas --. desenlace.
Los personajes: valores y antivalores que representan
Los personajes de las leyendas suelen caracterizarse como seres extraordinarios: dioses, semidioses,
héroes, reyes, príncipes, seres humanizados pero superdotados respecto a particulares
talentos, seres hermosos, monstruosos, envueltos en ciertos misterios en torno al origen de sus
a tribu tos característicos.
Los personajes de las leyendas pueden representar valores o antivalores de un pueblo. Así, los héroes nacionales de algunas leyendas, por ejemplo, Rodrigo Díaz de Vivar del Mio Cid, representa la valentía y resistencia como valores del pueblo español en su lucha contra los árabes o moros para liberarse de su tiranía. En el caso de la leyenda de Netzahualcóyotl, aparece un usurpador y asesino llamado Tezozómoc. Evidentemente este personaje representa los antivalores del pueblo de Texcoco, de cuyos reinados legítimos e ilegítimos habla la leyenda. Los temas abordados por las leyendas hacen suponer al grupo cultural que las produjo que es en su territorio donde acontecieron los eventos a los cuales se hace referencia: origen de diversas deidades, seres humanos de características singulares, animales y plantas de propiedades extraordinarias, seres humanos excepcionales como los héroes, entre otros.
Narrador externo, espacios fantásticos, lenguaje popular.

El mito
El mito es una forma muy antigua de relato alegórico , (hecho por un conjunto de metáforas vinculadas entre sí). Los acontecimientos del mito son de carácter principalmente sagrado, se trata de los sucesos fundamentales que ocurrieron en el principio de los tiempos.
Un mito, además de hablar sobre dioses, semidioses y héroes, es un tipo de relato que pretende explicar el principio o el origen de la vida o el surgimiento de acontecimientos cuya explicación no está al alcance de la ciencia. Los mitos también relatan cómo se mantiene la naturaleza y cómo se libra una permanente lucha entre las fuerzas del bien y del mal. Así, cuando se dice que un grupo humano tiene o tuvo una visión mítica del mundo, esta idea se refiere a que en tal cultura se han dejado al margen las explicaciones filosóficas o científicas sobre cómo se originó el ser humano, por ejemplo, o cómo hacer que llueva. En relación con esta última cuestión, podríamos decir como ejemplo que es necesario un sacrificio, una ofrenda, o una invocación a Tláloc, el dios náhuatl de la lluvia, y entonces, si él está de acuerdo con la petición humana, hará que llueva. Toda cultura, por remota que sea, posee una tradición de creencias y un sistema de explicaciones sobre la creación del mundo, sobre el surgimiento de los seres humanos. Esta tradición, regularmente oral, y este sistema de explicaciones son la materia prima de las creencias, de la mitología de cada región, la cual conforma la ideología misma de esa cultura.

Estructura: Acontecimiento inaugural -+ Explicación atemporal -+ Desenlace final, inalterable y de vigencia abierta .
El mito representa entonces acciones en oposición que conducen a un nuevo orden.
Personajes antagónicos: humanos y divinidades
Narrador externo
Espacio real y mágico
Atemporalidad

La epopeya
La narrativa épica o epopeya consiste en un relato sobre dioses y hombres, un relato que pretende explicar el principio o el origen de los pueblos y naciones. La épica también cuenta cómo se establecen las fuerzas de choque que organizan todo un orden social en el cual se
libra una permanente lucha entre las fuerzas del bien y del mal. Podemos decir que toda nación posee, ya sea en la tradición oral o en su cultura escrita, un vasto bagaje de relatos que conforman la historia o la épica que les caracteriza como nación o pueblo.
Mesoamérica, desde diversas raíces históricas, míticas y sociales ha conformado un sólido repertorio de su narrativa épica. Esta tradición, regularmente oral en el caso de Mesoamérica, y el sistema de explicaciones sobre la creación del mundo, el surgimiento de los seres humanos y su desarrollo histórico, son la materia prima tanto del mito como de la épica de cada región.

Los sucesos de la narración épica transcurren del pasado remoto hacia el planteamiento y desarrollo del conflicto y su desenlace, casi siempre favorable al héroe protagónico.
Personajes: semidioses y humanos
Espacios reales y mágicos
Tiempos real y fantástico
Lenguaje popular
Tipos de epopeya
Épica clásica
Abarca la antigüedad griega y romana. En ambos casos, los mitos sobre deidades, seres mitad humanos y mitad animales, así como los héroes más grandiosos y temidos, encarnaron a los personajes de este periodo. Las obras más representativas de esta época son la !liada y la Odisea, de Homero.
Épica medieval
Remite a las epopeyas medievales que se produjeron en Europa. Esta etapa fue quizá la más prolífera para la épica, cuya función histórica fue explicar el surgimiento de algunas naciones de occidente. Los personajes principales son, entonces, los grandes héroes nacionales, destacados por su valentía, por lo invencibles y poderosos que fueron para sus adversarios. Tales son los casos de Sigfrido (Alemania), Rolando (Francia) y Rodrigo Díaz de Vivar (España).
Épica renacentista
Durante el Renacimiento decayó notablemente el género, el cual, sin embargo, pasa a la historia moderna y contemporánea por la gran primera novela escrita en español, El ingenioso hidalgo  Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra. En esta obra el personaje principal, Don Quijote, pierde la cordura, <<Se le secan los sesos>> a causa de la lectura desmedida de novelas medievales de caballería, o, lo que es semejante, se vuelve loco, literalmente por consumir asiduamente cada relato de la épica medieval que caía en sus manos.

Revisar El mio Cid, Don quijote de la mancha

El cuento:
Estructura:
Principios o situación inicial _. B. Ruptura del equilibrio o conflicto _. C. Desarrollo del conflicto y/o establecimiento de un nuevo equilibrio _.D. Desenlace o resolución.

Clasificación tipos de narrador en base al nivel de conocimiento
Omnisciente, sabe más que sus personajes .
Equisciente, conoce lo mismo que los personajes .
Deficiente, sabe menos que los personajes de su historia .
Otros recursos litararios
Onomatopeyas
Personificación
Romanticismo
El Romanticismo abarcó la última década del siglo XVIII, gran parte del siglo XIX y los principios del siglo XX. Se inició en Alemania e Inglaterra y de ahí se extendió a los demás países europeos y, finalmente, a Hispanoamérica. También vemos La concepción literaria de los románticos, tumultuosa, confusa y hasta cierto punto anárquica se
manifiesta como una proclama de los <<Derechos Universales>> de los seres humanos durante la revolución francesa.

Otro de los rasgos del Romanticismo es la ausencia de reglas clásicas y de modelos tradicionales. El subjetivismo es el rasgo que probablemente más dominó durante el
Romanticismo. Se trata de la búsqueda afanosa del estilo propio, lo cual implica la ruptura con los modelos del neoclasicismo que durante el siglo XVIII vuelve la mirada hacia los grandes modelos clásicos de la antigüedad griega y latina. Por lo demás, el Romanticismo consiste en una gran exaltación del y o como individuo, ansioso de encontrar en sí mismo la norma única e irrepetible de su expresión. Tal actitud egocéntrica conduce a los autores hacia el lirismo propio de la poesía, lo cual convierte a ésta en uno de los géneros principales del movimiento, a tal punto que si nos imaginamos a un escritor romántico, coincide con la imagen de un poeta.

Realismo
El Realismo surge a mediados del siglo XIX en Europa, quizá en Francia, y de ahí se propaga a Hispanoamérica y Estados Unidos, abarcando todo el siglo XX, designando genéricamente toda tendencia estética que tiene por objeto lo real, entendiendo por esto la representación del mundo concreto. Como en todo concepto, el de Realismo debe entenderse en sentido relativo y no absoluto, pues la literatura es siempre representación del mundo humano. Hacemos esta aclaración porque se ha definido esta corriente a partir de una identidad entre realidad y literatura, lo cual es, al menos, inexacto, pues frecuentemente la vida real supera cualquier ficción, mientras que la literatura suele desbordarse de la vida y profundizar sus significados. La pluralidad de escuelas literarias que generó el Realismo se expresa en sus variadas designaciones: realismo gótico, renacentista, barroco, existencialista, neorrealista, social, mágico. Todo lo cual indica que históricamente el Realismo surge con las transformaciones sociales,
económicas, políticas, religiosas, de cada uno de los países o regiones donde los escritores lo adoptan como una de sus formas artísticas. El escritor realista es esencialmente un espíritu democrático y abierto, el cual emplea atentamente el material que la vida cotidiana le proporciona. En sus inicios, el Realismo estudió y retrató minuciosamente a la clase media y a la sociedad burguesa en obras que, como uno de sus creadores y líderes dijo, abarcaban la <<Comedia Humana» (Honoré de Balzac), incluyendo la vida privada, política, militar, del campo, entre varias dimensiones más.


Naturalismo
El Naturalismo surge en Francia en el siglo XIX y tiene como base principal abordar de manera científica la constitución social y subjetiva de los seres humanos. En este sentido, el Naturalismo adopta tos principios deterministas de las ciencias naturales, según lo cual, también lo social está determinado por leyes intrínsecas a la naturaleza humana y sus condiciones históricas. De tal manera que elementos como la raza, el ambiente y el momento histórico influyen directamente no sólo en la vida social, sino en la creación literaria. Se trata de un movimiento que esencialmente prolonga al Realismo; por ello se le considera una de sus variantes, en tanto que lleva esta tendencia a su más aguda expresión. Sin embargo, una diferencia sustancial entre Realismo y Naturalismo es, según algunos críticos, que el Realismo clásico se mantiene en la periferia de la realidad; en tanto que el Naturalismo busca entrar de lleno en la realidad a fin de hallar las leyes que la determinan. Los principales escritores naturalistas son Émile Zola y Alfonso Daudet. Zola es el creador de esta tendencia y definió el trabajo científico del escritor como el de un experimentador y un observador minucioso que extrae las leyes de la realidad.
Como diría T homas Mann en las primeras páginas de La montaña mágica ( 1 924), Europa estaba entrando en una época que no tenía ya respuesta satisfactoria a las preguntas eternas de ¿por qué? y ¿para qué? El orden moral parecía, si no en crisis, al menos en revisión continua. En este sentido, parece que una moral rígida del siglo XIX cedía su lugar a cierta intuición ética de los seres humanos, según la cual, cada quien es capaz de discernir lo bueno o lo malo, lo justo o lo
injusto, en cada acto particular. Debido a ésta, no se aceptaban códigos morales absolutos.

Modernismo
El pensamiento europeo pasaba por una creciente incertidumbre moral, que lo colocaba en cierta ambivalencia. La literatura y el arte europeos fueron la conciencia de ese malestar. La búsqueda de nuevos estilos, formas estéticas y sensibilidades que se manifestaron desde la década de 1 890, se conoció en muchos países bajo el nombre impreciso y vago de Modernismo, movimiento estético que revelaba precisamente la necesidad de encontrar respuestas nuevas en un mundo donde muchas de las viejas creencias, ideas y valores parecían haber perdido súbitamente su antigua vigencia. En este contexto, surgieron dos corrientes literarias conocidas como csteticismo y decadencia, cuyos manifiestos se conformaron en novelas como A contrapelo (1884), de Joris-Karl Huysmans, y El retrato de Don'an Gray (1891), de Óscar Wilde; mientras que los artificiosos dibujos de Aubrey Beardsley fueron, en parte, una reacción estética frente a gustos anteriores, como el realismo naturalista, y en parte también, la afirmación de un nuevo papel moral del arte y del artista ante la sociedad.

El gusto decadentista por lo exótico, lo místico, lo cruel, lo espiritual y lo perverso aparecía como un hedonismo inmoral propio de una actitud elegante y elitista, y como tal, fue interpretado como una manifestación del degeneracionismo de fines del siglo XIX. El esteticismo tenía otra dimensión: la pasión por la beUeza y el amor del arte por el
arte, el cual tuvo en Inglaterra a Walter Pater (1 839-1 894) como uno de sus representantes, reservado y prudente historiador del arte de la Universidad de Oxford, autor de Estudios sobre eL Renacimiento ( 1 873). La provocativa personalidad de Óscar Wilde (1854-1900) configuró otra manifestación de ese ideal moral que consistía en una concepción artística espiritual y refinada en torno a lo sensible y lo bello.  En Wilde dicho estilo tenía bastante de rebelión y provocación contra
la vulgaridad popular y la moral convencional. Esa pasión estética se vinculó a una exaltación de lo nuevo. Pocas veces como en la última década del siglo XIX se utilizó con tanta reiteración un vocablo como nuevo. Por todas partes se habló de nueva edad, nuevo teatro, revistas nuevas, nuevo estilo, nuevo realismo. De 1890 a 1 893 se habló, en toda Europa, de Art Nouveau. Se trataba de un movimiento heterogéneo con antecedentes y planteamientos ideológicos dispares, pero con elementos artísticos y estéticos afines y, sobre· todo, con una aspiración común: impulsar un renacimiento artístico completo, que propiciara un ideal a la vez estético y moral en torno a todas las artes y por extensión a la vida social.
De esta manera, la arquitectura y las artes ornamentales: mobiliario, orfebrería, cerámica, vidrieras, joyería, carteles, ilustración de libros, etc., de la época, recibieron toda la influencia del Art Nouveau. El Art Nouveau tomó sus raíces de movimientos anteriores como el prerrafaelismo inglés, el renacimiento gótico -promovido por Viollet-le-Duc, Ruskin y William Morris-, los gustos n􀂦orrococó y neobarroco en Francia, Bélgica y Alemania, el llamado Arts and Crafts Movement (movimiento de artes y oficios), liderado
por William Morris, e incorporó influencias del arte japonés y oriental puestos de moda en Europa en las décadas de 1860 y 1870.

Vanguardismo
El Simbolismo literario, corriente estética que abarcó la poesía de Mallarmé, Valéry, Yeats, Rilke y del propio Wilde; el teatro de Strindberg y Maeterlinck; la música de Debussy y Scriabin; la pintura de Moreau, constituyeron la expresión de tal intencionalidad estética: un ideal de belleza que, trascendiendo la realidad ordinaria, aprehendiera la esencia de las cosas a través de una poesía pura (o de un arte puro) y de lenguajes artísticos complejos y profundos. En algún caso, su significación no fue sólo literaria o estética. Así, la vida y la obra del poeta alemán (nacido en Praga en 1875) Rainer Maria Rilke se conformó en la expresión del desasosiego existencial de la Europa de su tiempo. Hacia principios del siglo XX, la literatura francesa comenzó a cambiar y a renovarse de manera esencial. El Naturalismo aún produjo dos escritores de genio indudable, como Jules Renard (1 864-1910) y Octave Mirbeau ( 1 848-1917), y los autores más leídos antes de 1914 fueron todavía realistas convencionales como Anatole France o Paul Bourget. Pero lo que definió a las nuevas generaciones fue su vocación claramente espiritualista y poética, algo que previamente, por ejemplo, en los años del Naturalismo, o no existió o fue poco significativo.

Otras corrientes literarias y vanguardias
Pero fue André Gide (1 869-1951), el escritor de formación protestante y director de􀂧de 1909 de la influyente Nouvelle Revue Franfaise, la personalidad decisiva y determinante por dos razones: su estilo sereno y equilibrado, así como su prosa cuidada y medida -manifiesta en Los alimentos terrestres, El inmoralísta, La uerta estrecha, El retomo del hijo pródigo y Las cuevas del Váticano, libros que publicó entre 1897 y 1914- crearon una especie de «clasicismo modernO>>, que acabó apartando a la literatura francesa tanto del realismo localista como de la afectación esteticista. La obra de Gide giró en torno a los problemas de la autenticidad, la libertad y el destino del individuo. Sus temas abordan los conflictos que en la conciencia de todo ser humano se produce entre moralidad, responsabilidad y sinceridad: <<saber liberarse no es nada -hacía decir a Michel, el protagonista de El inmoralista- lo arduo es saber ser libre», todo lo cual estaba empezando a ser el gran dilema de la existencia del hombre contemporáneo.

Por esos años, Maree! Proust ( 1871-1922) produce su extraordinaria novela En busca del tiempo perdido, publicada después de la guerra de 1914, la cual es, básicamente, una evocación prodigiosa del tiempo pasado como testimonio de la memoria y la conciencia. Ibsen y Strindberg habían creado en la década de 1 880 el «gran teatro de ideas» que, a principios de siglo, continuaría el au􀇢or irlandés George Bernard Shaw (1856-1950), brillante en sus comedias ligeras, Androcles y el león y Pigmalión, más que en sus dramas serios tales como La profesión de la señora Yftátren y Heartbreak House, entre otras. Shaw renovó el teatro británico, pero el ruso Antón Chéjov (1860-1904) logró en cuatro obras excepcionales (La gaviota, 1896; Tío Umya, 1897; Las tres hermanas, 190 1 y El jardín de los cerezos, 1904) llevar al teatro humor e ironía sin dejar de predicar el drama del hombre moderno. Las obras de Chéjov constituyen construcciones abiertas sobre temas aparentemente triviales y simples, sin embargo trascienden al abordar el fracaso personal, el dolor presente en cada vida humana.
Un pesimismo profundo, histórico y personal impr􀇣gnó la concepción de la vida y del hombre a través del mayor novelista inglés de la época, Joseph Conrad (1857-1924), particularmente en su novela El corazón de las tinieblas. Algo semejante ocurrió con la mejor novela de Thomas Mann (1875-1955), La montaña mágica, que empezó a escribir en 1912, cuando acompañó a su mujer Katia a un sanatorio antituberculoso en Suiza, pero que terminó hasta 1924. Los libros de Mann fueron. interpretados como parábolas de una Europa irremediablemente enferma.
La literatura más popular y sugestiva de la época está conformada, indudablemente, por Stevenson, Conan Doyle, Verne, Chesterton, Emilio Salgari, Kipling, H. G. Wells, Poe, entre otros. Esta narrativa fue, en muchos casos, muy entretenida y muy bien escrita, a la vez que menos compleja y menos pesimista. Era, además, natural que así fuera, pues fue concebida como un entretenimiento más o menos culto.
Pero que las ideas de crisis, enfermedad, muerte y fracaso fueran ideas recurrentes en la literatura más exigente de la época no la hacía, por ello, menos significativa. La literatura continuaba siendo la expresión de la crisis moral y de la desorientación intelectual que parecían apoderarse, de forma creciente, de la sociedad europea.
Como hemos visto, el clima intelectual de la Europa de los años 1880-1914 se definió por una transformación profunda en la percepción del mundo físico y del universo, fundamentalmente se generó una desconfianza cada vez mayor en la razón, simultánea a un reconocimiento cada vez más extendido del poder de las reacciones inconscientes e instintivas del comportamiento. A la par de esta desconfianza, se produjo una enorme especialización y fragmentación del conocimiento, lo cual trajo consigo una crisis de explicaciones globales y coherentes de la existencia.